Los lingüistas distinguen tres perspectivas en el estudio del lenguaje: la sintáctica, la semántica y la pragmática. Las dos primeras estudian el significado. La tercera, el uso.
La pragmática, que constituye algo así como el paradigma actual, estudia el uso que los hablantes hacen de los términos y lo hace con la finalidad de determinar su significado. Por lo tanto actúa como un anclaje de la semántica en el lebenswelt, porque ofrece una explicación genética de los conceptos que tiene como fuente la interacción humana y no un a priori trascendental.
En la medida en que la pragmática sigue ligada a la semántica, aplicada a los discursos resulta ingenua. Si queremos explicar lo que los discursos hacen es preciso atender a una cuarta perspectiva, la performativa. Para que los efectos del discurso pudiesen ser explicados en términos de la pragmática, es decir, del significado que los hablantes dan a los términos en sus usos lingüísticos, estos efectos deberían seguirse inequívocamente de lo que el discurso significa. Sin embargo, experimentamos a menudo un corte entre lo que el discurso dice y lo que el discurso hace. Este corte muestra la insuficiencia del giro lingüístico-pragmático que pretendía pasar página respecto al subjetivismo de la filosofía moderna de la conciencia.
Si damos un paso más hacia la perspectiva performativa del lenguaje, redescubrimos algo tan antiguo como “el comportamiento”, lo que los hombres hacemos con el lenguaje, y con él los valores y la ética. La cuestión entonces sería la de cómo dar ese paso sin regresar al paradigma ya agotado de la filosofía de la conciencia.
27 abril, 2006
Perplejidad
Acabo de ver en cuatro un buen programa de televisión sobre la situación de los jovenes en España. Lo que más me ha llamado la atención es la unanimidad en la crítica al escenario económico-político en el que tenemos que desenvolvernos. Y he pensado que si lo políticamente correcto y la crítica hoy son la misma cosa, entonces la crítica ya sólo es un modo de constatar lo que aparece o se presenta como irremediable.
He visto un programa de televisión relativamente sincero. Se han dicho muchas verdades dentro de los límites de lo que se puede decir sin causar alarma. Se ha criticado el sistema. Pero esa misma crítica ha perdido ya su capacidad subversiva y se ha transformado en impotencia compartida.
He visto un programa de televisión relativamente sincero. Se han dicho muchas verdades dentro de los límites de lo que se puede decir sin causar alarma. Se ha criticado el sistema. Pero esa misma crítica ha perdido ya su capacidad subversiva y se ha transformado en impotencia compartida.
22 abril, 2006
La ciencia de una amistad con el cuerpo
Nietzsche no fue un critico de Platón sino del platonismo. Ese ismo nombra la relectura cristiana que la Iglesia católica hizo de sus numerosos diálogos. Sabemos, por tanto, que a pesar de que Nietzsche dio en la diana de los problemas occidentales al elegir como blanco de sus críticas el platonismo, muchas de sus críticas resultan inadecuadas al dirigirlas hacia Platón.
El olvido del cuerpo no es platónico. Lo que encontramos en Platón es una dirección racional del apetito, que tiene como efecto desear lo que la razón muestra como bueno. Pero el platonismo da un paso más y responsabiliza al cuerpo de todo lo que el alma racional no puede. Del cuerpo como cárcel del alma pasamos al cuerpo como verdugo del alma. El enderezamiento de los deseos del cuerpo, que tiene como finalidad que el hombre no encuentre en sí mismo los obstáculos hacia su realización como ser racional, se transforma en una hostilidad absoluta frente a todas las demandas del cuerpo. Podemos expresar esta mentalidad platónico-cristina con una fórmula: todo lo que satisface al cuerpo perjudica al alma.
El ideal ascético consiste en silenciar por completo la corporalidad para que toda demanda venga del alma. En ese sentido, occidente ha carecido tanto de la fuerza de voluntad (thymos) que permite encarnar este ideal como de la inteligencia y valentía que le hubiesen permitido darle la espalda. El resultado no es el olvido de las demandas del cuerpo sino la experiencia de la vergüenza y de la culpa por atender a sus necesidades.
No me refiero sólo a una cuestión psicológica de los individuos, ni siquiera a una cuestión de conciencia moral. Esta devaluación del cuerpo ha afectado a toda nuestra civilización. Incluida la ciencia de la que tan orgullosos estamos. El desprecio del cuerpo del que habló Nietzsche afecta por ejemplo a la nutrición. Hemos sido capaces de llegar a la Luna pero no hemos sabido hasta prácticamente antes de ayer lo que podemos y no podemos comer ni cómo hemos de comerlo. La razón de esta ignorancia no es la dificultad del asunto sino el desprecio del cuerpo. Tan nuestro, tan nosotros y tan desconocido.
La corporalidad es la naturaleza que nosotros también somos, todo aquello que siendo nosotros no obedece ni a nuestro deseo ni a nuestra razón sino que se nos impone con la necesidad de algo objetivo.
La trofología supone un modo de relación amistosa con la naturaleza en la que también consistimos. Sólo siendo cómplices de su forma de ser, de sus leyes o regularidades si se le quiere llamar así, el alma puede encontrar en el cuerpo no una cárcel o un verdugo sino un aliado.
El olvido del cuerpo no es platónico. Lo que encontramos en Platón es una dirección racional del apetito, que tiene como efecto desear lo que la razón muestra como bueno. Pero el platonismo da un paso más y responsabiliza al cuerpo de todo lo que el alma racional no puede. Del cuerpo como cárcel del alma pasamos al cuerpo como verdugo del alma. El enderezamiento de los deseos del cuerpo, que tiene como finalidad que el hombre no encuentre en sí mismo los obstáculos hacia su realización como ser racional, se transforma en una hostilidad absoluta frente a todas las demandas del cuerpo. Podemos expresar esta mentalidad platónico-cristina con una fórmula: todo lo que satisface al cuerpo perjudica al alma.
El ideal ascético consiste en silenciar por completo la corporalidad para que toda demanda venga del alma. En ese sentido, occidente ha carecido tanto de la fuerza de voluntad (thymos) que permite encarnar este ideal como de la inteligencia y valentía que le hubiesen permitido darle la espalda. El resultado no es el olvido de las demandas del cuerpo sino la experiencia de la vergüenza y de la culpa por atender a sus necesidades.
No me refiero sólo a una cuestión psicológica de los individuos, ni siquiera a una cuestión de conciencia moral. Esta devaluación del cuerpo ha afectado a toda nuestra civilización. Incluida la ciencia de la que tan orgullosos estamos. El desprecio del cuerpo del que habló Nietzsche afecta por ejemplo a la nutrición. Hemos sido capaces de llegar a la Luna pero no hemos sabido hasta prácticamente antes de ayer lo que podemos y no podemos comer ni cómo hemos de comerlo. La razón de esta ignorancia no es la dificultad del asunto sino el desprecio del cuerpo. Tan nuestro, tan nosotros y tan desconocido.
La corporalidad es la naturaleza que nosotros también somos, todo aquello que siendo nosotros no obedece ni a nuestro deseo ni a nuestra razón sino que se nos impone con la necesidad de algo objetivo.
La trofología supone un modo de relación amistosa con la naturaleza en la que también consistimos. Sólo siendo cómplices de su forma de ser, de sus leyes o regularidades si se le quiere llamar así, el alma puede encontrar en el cuerpo no una cárcel o un verdugo sino un aliado.
19 abril, 2006
Irán
¿Sólo EEUU tiene derecho a disponer de armas nucleares? ¿Por qué?
Si Estados Unidos no se desarma, Irán tiene derecho a hacer todo lo que esté en su mano de cara a su protección y seguridad. Sobre todo después de la mal llamada Guerra de Irak, el gobierno de Irán tiene incluso el deber de hacerlo. ¿Se hubiese atrevido EEUU a invadir Irak si Sadam hubiese estado bien armado?
Si Estados Unidos no se desarma, Irán tiene derecho a hacer todo lo que esté en su mano de cara a su protección y seguridad. Sobre todo después de la mal llamada Guerra de Irak, el gobierno de Irán tiene incluso el deber de hacerlo. ¿Se hubiese atrevido EEUU a invadir Irak si Sadam hubiese estado bien armado?
Moralidad y economía
09 abril, 2006
Existir no es vivir
Quiero compartir con vosotros la conversación que Iñaki Gabilondo y José Luis Sampedro tuvieron la semana pasada, con el pretexto de la publicación de La senda del drago. Una maravilla de cinco minutos que muestra que lo decisivo en la vida es la intensidad, no la duración.
Primer Capítulo de La senda del drago
Primer Capítulo de La senda del drago
02 abril, 2006
Vigilar y castigar
Lo que me produce más asco de los llamados programas del corazón no es que aireen pornográficamente las vicisitudes más íntimas de los famosos, sino la finalidad con la que lo hacen: condenar o santificar, adoctrinar. Moralizan desde una implacable antropología del resentimiento y desde una epistemología policial. Esta nueva modalidad del viejo mecanismo de la guillotina, a la vez que corrobora el control social del individuo advierte de las consecuencias de una eventual transgresión.
Quedamos advertidos. Es decir, amenazados.
Quedamos advertidos. Es decir, amenazados.
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