02 abril, 2006

Vigilar y castigar

Lo que me produce más asco de los llamados programas del corazón no es que aireen pornográficamente las vicisitudes más íntimas de los famosos, sino la finalidad con la que lo hacen: condenar o santificar, adoctrinar. Moralizan desde una implacable antropología del resentimiento y desde una epistemología policial. Esta nueva modalidad del viejo mecanismo de la guillotina, a la vez que corrobora el control social del individuo advierte de las consecuencias de una eventual transgresión.

Quedamos advertidos. Es decir, amenazados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No podría estar más de acuerdo contigo. Repugnancia es lo que a mí me producen también.Han descubierto el poder de la palabra. Pero el poder de la palabra para hacer daño, denigrar, humillar... También han descubierto el valor económico de la palabra.No obstante, ¿desde cuándo la palabrería gratuita tiene un precio? No sé, a esta cuestión quizás podría respondernos el director o periodista-colaborador de cualquier progama.¿Tanto echamos de menos los tribunales de la Inquisición? ¿Tanto nos entristece no poder volver a disfrutar de aquellos tiempos en los que era todo un espéctaculo ver como un león se devoraba a un cristiano? Más aún, ¿tanto añoramos aquellas benditas épocas en las que se usaba la plaza del pueblo para quemar, apedrear, castigar a las brujas, infieles, pecadores...? ¿Han venido estos programas a salvar esas pequeñas reminiscencias del pasado para convertirlas en una nueva realidad efectiva, y convertirlas en necesidad? Pues como muy bien dices, seamos cautelosos,porque estamos amenazados; amenazados y vigilados, no por la mano divina de un Dios y sus envíados especiales, sino por un Gran Ojo, el Ojo de un Gran Hermano que todo lo vigila y todo lo ve,y que ha dejado de ser el patio de vecinos, para convertirse en un ente omnipotente, que nos amenaza con el escarnio público, tanto si decidimos entrar en su juego como si no.
Hay cosas que no me explico, como el mecanismo del éxito de ciertos pogramas. ¿Tenemos los cuidadanos de este país una vida personal tan pobre, una vida tan vacía de intereses, que disfrutamos a base de regodearnos en el "criticoneo" baratao y sucio acerca de la vida de los otros? ¿No nos basta con vivir la nuestra? ¿El infierno son los otros? Qué triste. No sé, a veces mejor nos valdría preocuparnos de nuetros propios asuntos que ya se sabe que... Pues hagan uso ustedes del sabio y popular refranero español y dejen volar su imaginación...