27 abril, 2006

Cómo hacer cosas con discursos

Los lingüistas distinguen tres perspectivas en el estudio del lenguaje: la sintáctica, la semántica y la pragmática. Las dos primeras estudian el significado. La tercera, el uso.

La pragmática, que constituye algo así como el paradigma actual, estudia el uso que los hablantes hacen de los términos y lo hace con la finalidad de determinar su significado. Por lo tanto actúa como un anclaje de la semántica en el lebenswelt, porque ofrece una explicación genética de los conceptos que tiene como fuente la interacción humana y no un a priori trascendental.

En la medida en que la pragmática sigue ligada a la semántica, aplicada a los discursos resulta ingenua. Si queremos explicar lo que los discursos hacen es preciso atender a una cuarta perspectiva, la performativa. Para que los efectos del discurso pudiesen ser explicados en términos de la pragmática, es decir, del significado que los hablantes dan a los términos en sus usos lingüísticos, estos efectos deberían seguirse inequívocamente de lo que el discurso significa. Sin embargo, experimentamos a menudo un corte entre lo que el discurso dice y lo que el discurso hace. Este corte muestra la insuficiencia del giro lingüístico-pragmático que pretendía pasar página respecto al subjetivismo de la filosofía moderna de la conciencia.

Si damos un paso más hacia la perspectiva performativa del lenguaje, redescubrimos algo tan antiguo como “el comportamiento”, lo que los hombres hacemos con el lenguaje, y con él los valores y la ética. La cuestión entonces sería la de cómo dar ese paso sin regresar al paradigma ya agotado de la filosofía de la conciencia.

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