22 abril, 2006

La ciencia de una amistad con el cuerpo

Nietzsche no fue un critico de Platón sino del platonismo. Ese ismo nombra la relectura cristiana que la Iglesia católica hizo de sus numerosos diálogos. Sabemos, por tanto, que a pesar de que Nietzsche dio en la diana de los problemas occidentales al elegir como blanco de sus críticas el platonismo, muchas de sus críticas resultan inadecuadas al dirigirlas hacia Platón.

El olvido del cuerpo no es platónico. Lo que encontramos en Platón es una dirección racional del apetito, que tiene como efecto desear lo que la razón muestra como bueno. Pero el platonismo da un paso más y responsabiliza al cuerpo de todo lo que el alma racional no puede. Del cuerpo como cárcel del alma pasamos al cuerpo como verdugo del alma. El enderezamiento de los deseos del cuerpo, que tiene como finalidad que el hombre no encuentre en sí mismo los obstáculos hacia su realización como ser racional, se transforma en una hostilidad absoluta frente a todas las demandas del cuerpo. Podemos expresar esta mentalidad platónico-cristina con una fórmula: todo lo que satisface al cuerpo perjudica al alma.

El ideal ascético consiste en silenciar por completo la corporalidad para que toda demanda venga del alma. En ese sentido, occidente ha carecido tanto de la fuerza de voluntad (thymos) que permite encarnar este ideal como de la inteligencia y valentía que le hubiesen permitido darle la espalda. El resultado no es el olvido de las demandas del cuerpo sino la experiencia de la vergüenza y de la culpa por atender a sus necesidades.

No me refiero sólo a una cuestión psicológica de los individuos, ni siquiera a una cuestión de conciencia moral. Esta devaluación del cuerpo ha afectado a toda nuestra civilización. Incluida la ciencia de la que tan orgullosos estamos. El desprecio del cuerpo del que habló Nietzsche afecta por ejemplo a la nutrición. Hemos sido capaces de llegar a la Luna pero no hemos sabido hasta prácticamente antes de ayer lo que podemos y no podemos comer ni cómo hemos de comerlo. La razón de esta ignorancia no es la dificultad del asunto sino el desprecio del cuerpo. Tan nuestro, tan nosotros y tan desconocido.

La corporalidad es la naturaleza que nosotros también somos, todo aquello que siendo nosotros no obedece ni a nuestro deseo ni a nuestra razón sino que se nos impone con la necesidad de algo objetivo.

La trofología supone un modo de relación amistosa con la naturaleza en la que también consistimos. Sólo siendo cómplices de su forma de ser, de sus leyes o regularidades si se le quiere llamar así, el alma puede encontrar en el cuerpo no una cárcel o un verdugo sino un aliado.

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