
Irak está situado entre los ríos Tigris y Eufrates en la antigua Mesopotamia, la tierra en la que hace casi 5000 años los Sumerios inventaron la escritura y con ella el derecho, la literatura, las matemáticas y la astronomía. Luego vendrían los babilonios, de cuyos excesos civilizatorios nos habla La Biblia, pues en lugar del ojo por ojo Hamurabi defendía la justicia social para todas las capas de la población. Mas tarde los asirios desarrollan la geometría, la cartografía y la medicina y Nabucodonosor construye los jardines colgantes de Babilonia. Pero ni la cultura ni el refinamiento supieron hacer frente a tres siglos de invasiones que culminan en el siglo II a.c con la invasión persa.
Las invasiones árabes comienzan en el 637 y se consolidan en el 749, convirtiendo a Bagdad en la capital hasta la invasión del Imperio Otomano en 1534. Los problemas para los Otomanos no comienzan hasta 1901, año en el que los ingleses consiguen el permiso de diferentes jefes locales para explotar los campos pretrolíferos. Además del petróleo, a los británicos les interesaba la construcción de una línea de ferrocarril que uniese Europa con la India (que desde el año 1773 era una de sus principales colonias). Pero como los alemanes ambicionaban lo mismo que los ingleses y además contaban con la simpatía de los otomanos, Inglaterra consideró que lo mejor sería tomar Bagdad por la fuerza (1917).
En 1921 los británicos crean artificialmente lo que hoy conocemos como Irak. Para mantener bajo control las diferentes etnias y neutralizar las aspiraciones de cada una de ellas supeditándolas a la única finalidad de los ingleses, instauran la monarquía hachemita de Jordania con Faisal Ibn Hussain, conocido como Faisal I. Irak tenía la forma de un estado autónomo pero en la práctica funcionaba como una colonia bajo una dictadura afín a los ingleses. A pesar de que en 1932 Irak alcanza la independencia, nada más elocuente de su realidad política que el hecho de que su primer ministro hasta la revolución de 1958 fue el suní Nouri As-Said, amigo de Laurence de Arabia y partidario de los británicos. En 1954, ya bajo el reinado de Faisail II, As-Said prohibió todos los partidos políticos creados progresivamente desde 1921 como expresión de los intereses y sentimientos de las diferentes etnias en su común rechazo a la invasión y control occidental de sus recursos y de su política. Durante casi 40 años (desde 1921 a 1958) la monarquía hachemita y el propio As-Said no sólo no se alejan de Gran Bretaña conforme el deseo de los iraquíes sino que se acercarán a los Estados Unidos.
Es en este contexto en el que suníes, chiíes y kurdos se unen y dan el Golpe de Estado del 14 de Julio de 1958, que termina con la ejecución de Faisal II y de As-Said. Hasta 1963 este consenso golpista e independentista se plasma en el gobierno militar del general Kassem, que en plena Guerra fría supone el acercamiento a la URSS y la ruptura con Gran Bretaña y Estados Unidos. Durante estos cinco años hay consenso en esta ruptura y se pasan por alto las desavenencias referentes a la política interior, pero en 1963 la burguesía de mayoría chií ve peligrar sus intereses en manos del comunismo y da un golpe de Estado con el apoyo de occidente. Este sorprendente pacto entre el partido independentista de Baath, el “Partido Socialista de la resurrección árabe”, y los Estados Unidos, constituye un episodio más de la Guerra fría.
Este Golpe de Estado conduce al coronel Aref al poder. Una prueba más de la injerencia de Estados Unidos en la política iraquí es que el gobierno del Partido Socialista de la Resurrección árabe irá expulsando progresivamente del gobierno a aquellos miembros que no coincidían con las posiciones estadounidenses en política exterior. En 1968 ya no quedaba ningún miembro de ese partido en el poder y para recuperar el gobierno los miembros expulsados del partido de Baath darán un nuevo Golpe de Estado (conocido como La Revolución). Sadam Hussein es el vicepresidente de ese gobierno y llegará a la presidencia en 1979, cuando el presidente Al Bakr dimita por motivos de salud.
El resto es historia reciente: Irán abandera la Revolución islámica y Estados Unidos apoya al Irak de Sadam Hussein para que lo detenga. Es la Guerra Irán-Irak. Sadam vence, pero tras ocho años de guerra Irak está tan dañado que necesita más dinero. EEUU, después de empujar a Sadam a la guerra y de armarlo hasta los dientes, ya ha conseguido frenar la Revolución islámica y se desentiende. La única salida de Irak es conseguir más dinero subiendo el precio del petróleo. Para ello hay que disminuir la producción en todos los paises exportadores, pero Kuwait, con el apoyo de un occidente atemorizado por una posible subida del crudo, decide no disminuir la producción. Sadam Hussein invade entonces Kuwait (1990) y EEUU, esta vez con el apoyo de la ONU, ataca a Sadam. La Guerra del Golfo durará seis semanas y se saldará con 200.000 irakies muertos y la ruina de Irak.
Después de abandonar Irak a su suerte tras la Guerra con Irán auspiciada por EEUU y dejar claro con la guerra del Golfo quien controla el precio del petróleo, el 20 de Marzo de 2003 la administración Bush ataca Irak con el pretexto de derrocar a Sadam Hussein y llevar la democracia al país. Tres años después la miseria de Irak se ha multiplicado por mil y salvo honrosas excepciones, intelectuales y medios de comunicación comparten el discurso político especializado en impedir que algo pueda ser verdaderamente entendido para sentar las bases de futuras salidas eficaces y decentes.
Si Irak es un Estado artificial constituido por etnias enfrentadas desde la invasión árabe del siglo VII, entonces sólo hay dos fórmulas posibles de permanencia del Estado: o bien un pacto entre sunís kurdos, sunís árabes y chiís árabes al que podríamos llamar democracia, o bien la estrategia inglesa de 1932, la mano dura de un tirano genocida que mantiene a raya la disidencia. Esa fue la estrategia política que Golpe de Estado tras Golpe de Estado mantuvo unido Irak en el siglo XX.
Si sólo otro Sadam puede mantener la ficción de un Irak unido, entonces tenemos que estar de acuerdo en que el futuro de Irak es la disgregación. El mayor avance en este sentido vendría de un pacto relativo al reparto de los territorios entre kurdos, sunís y chiíes.
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