13 enero, 2008

Iglesia y democracia. Algunas cuestiones básicas.

- Algunos de los prelados más poderoros de la Iglesia llaman universalidad a la imposición de su parcialidad incivilizada y relativismo al consenso democrático que fija las reglas de la convivencia, como si la democracia no tuviese sus propios valores, en absoluto relativistas.

-El relativismo es una mera constatación de la diversidad de enfoques y preferencias presentes en una sociedad moderna, pero nadie piensa de manera diferente a otro porque su filosofía sea relativista, sino precisamente porque considera que su punto de vista es más verdadero. Este punto de vista, si es compatible con la convivencia, merece absoluto respeto.

-Una ley aprobada por un parlamento elegido democráticamente y que representa grosso modo esa enorme diversidad de nuestra sociedad puede parecernos buena o mala, pero nunca antidemocrática.

-Sólo el tribunal constitucional tiene legitimidad para determinar si una norma es contraria a la constitución. Y eso sólo si los miembros de ese tribunal atienden a los fines específicos de su cargo y no a los fines políticos de quienes les han nombrado.

-En los actos religiosos se reza y se rinde culto a Dios. En la reunión celebrada en la madrileña Plaza de Colón el pasado 30 de Diciembre, ni se rezó ni se adoró al Señor. Si no fue un acto político, se pareció muy poco a uno religioso.

-La actual legislación española no pone en peligro a la familia, sea ésta cristiana o no lo sea. No se ha privado a la familia de ninguno de los derechos de los que ya disfrutaba y se han ampliado algunos de ellos. Otorgar derechos nuevos a nuevas formas de familia no disminuye los derechos de ningún tipo de familia. Tan sólo evita que éstos sean privilegios.

-Nadie en este país está obligado a divorciarse. Más bien se le libera de la obligación de mantener una relación personal si esa persona considera que ésta le daña. Pero a la Iglesia nunca le ha gustado eso de la libertad.

-El tema del aborto es mucho más difícil desde el punto de vista ético, a la hora de tomar la decisión de abortar o no abortar. Como asunto político, sin embargo, es muy sencillo: mi preferencia moral no puede nunca privar a una mujer de la libertad de decidir abortar. No obstante yo puedo entender que la Iglesia manifieste con rotundidad su visión moral respecto al aborto. Lo que pasa es que hay algo que no encaja. Si la ley actual del aborto es la misma que en los años del gobierno Aznar, ¿por qué la Iglesia permaneció en silencio durante los 8 años en los que gobernó el PP?